El presidente de la Central Asháninka del Río Ene (CARE) dedica su vida a la defensa del territorio y los derechos de su pueblo. La memoria de su padre asesinado por Sendero Luminoso marcó su destino. Hoy, pese a amenazas y acusaciones infundadas, continúa su lucha.
Desde la selva central del Perú, Ángel Pedro Valerio se convirtió en uno de los referentes más importantes de la política indígena amazónica. Su historia personal está ligada a la resistencia del pueblo asháninka, uno de los más golpeados por el terrorismo y que hoy enfrenta nuevas amenazas como el narcotráfico, la tala ilegal y las invasiones de su territorio.

Infancia y memoria de resistencia
Ángel Pedro Valerio nació en la comunidad nativa de Potsoteni, en la cuenca del río Ene, territorio ancestral del pueblo asháninka. Creció en un contexto de violencia durante los años ochenta y noventa, cuando la selva central fue duramente golpeada por el terrorismo.
Su padre, Bendito Pedro Chuviante, fue un joven pastor evangélico que buscó convencer a los militantes de Sendero Luminoso de abandonar las armas, sin embargo, la respuesta fue muertes, secuestros, trabajo exclavizado, violaciones y todo tipo de atrocidades impuestas sobre la comunidad. En 1990, Bendito logró huir con su familia, pero poco después fue asesinado mientras trabajaba en el campo durante la resistencia contra los senderistas. Su recuerdo se convirtió en una guía para Ángel Pedro, quien afirma: “No me victimizo porque mi padre murió. Los asháninkas recordamos para que esta tragedia no vuelva a ocurrir”.
Compromiso con su pueblo
La guerra interna dejó profundas heridas en el pueblo asháninka: más de 6000 asesinados, 5000 secuestrados, 10 000 desplazados y más de 30 comunidades desaparecidas, según la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Frente a la ausencia del Estado, las comunidades organizaron comités de autodefensa y resistieron al terror.
Décadas después, se logró pacificar la cuenca del Ene pero amenazas como el narcotráfico, la tala ilegal y las invasiones no desaparecieron sino que se expandieron y permanecen en el territorio. Ante ello, Ángel Pedro asumió un rol de liderazgo y es presidente de la Central Asháninka del Río Ene (CARE), fundada en 1993.

Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas
Desde este espacio impulsa proyectos de fortalecimiento del autogobierno comunal, formación de defensores indígenas, empoderamiento de mujeres, adaptación al cambio climático y desarrollo económico a través de proyectos productivos en alianza con organizaciones públicas y privadas, como Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (DEVIDA).
Defensa frente a las amenazas
Su firme posición contra el narcotráfico y el cultivo ilícito de coca lo expuso a múltiples amenazas. En foros nacionales e internacionales, como las Naciones Unidas, denunció la presencia del narcotráfico en la cuenca del Ene, lo que derivó en hostigamientos y amenazas contra él y su familia.
En 2023, fue acusado injustamente por la fiscalía de Satipo como parte de una protesta asháninka en la comunidad de Puerto Ocopa en el distrito de Río Tambo. Gracias a una defensa legal sólida y al acompañamiento de medios de comunicación y organizaciones aliadas, en 2024 fue absuelto, confirmando la falsedad de los cargos en su contra.

Un liderazgo vigente
En la actualidad, Ángel Pedro Valerio continúa al frente de CARE con la convicción de defender los derechos colectivos y la vida de las comunidades asháninkas. Su liderazgo refleja la memoria de resistencia heredada de su pueblo y su firme compromiso con la Amazonía.
Desde CARE, reiteramos nuestro llamado a garantizar su seguridad y a respetar la labor de los líderes indígenas que, como Ángel, trabajan día a día por la vida, la justicia y el futuro de la Amazonía.

